La industria de la construcción en Europa está viviendo uno de sus momentos más relevantes de la última década: el nuevo Reglamento Europeo de Productos de Construcción (CPR) ha entrado en vigor, redefiniendo los criterios técnicos, ambientales y de transparencia que regirán la comercialización y uso de materiales constructivos en toda la Unión Europea.
El Reglamento Europeo de Productos de Construcción (RPC) marca las directrices técnicas necesarias para la libre circulación de los productos de construcción dentro de la UE. Establece un lenguaje técnico común para que los fabricantes unifiquen las características de sus productos de cara a los agentes de la construcción: arquitectos, constructores, usuarios, etc.
Este marco normativo no solo representa un cambio regulatorio profundo, sino también una oportunidad estratégica para empresas innovadoras como ARQUIMA, especialmente aquellas centradas en la industrialización con madera y el empleo de materiales naturales.
Desde el 8 de enero de 2026, el nuevo Reglamento de Productos de Construcción redefine las reglas del juego para fabricantes, diseñadores, prescriptores y constructores en la UE, con un enfoque claro en la:
sostenibilidad ambiental,
transparencia y trazabilidad de los productos,
digitalización y economía circular.
Su objetivo es armonizar los criterios técnicos en todos los Estados miembros y orientar el sector hacia estándares más altos de eficiencia, competitividad y responsabilidad ecológica, en línea con los compromisos del Pacto Verde Europeo
El aspecto más innovador del Reglamento de Productos de la Construcción es la integración obligatoria de la sostenibilidad en la evaluación de los productos. En línea con el Pacto Verde Europeo, el RPC establece la necesidad de declarar el impacto ambiental de los materiales a lo largo de su ciclo de vida. Para ello se debe seguir la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV) definida en la norma armonizada UNE-EN 15804.
Esta declaración del impacto incluirá progresivamente y de forma obligatoria, una serie de indicadores ambientales. El más relevante será el Potencial de Calentamiento Global (PCG). El RPC obliga a los fabricantes a publicar estos datos, generalmente a través de las Declaraciones Ambientales de Producto (DAP o EPD en inglés).
Una de las novedades más importantes del CPR es la introducción de requisitos explícitos relacionados con la salud humana y medioambiental. El reglamento exige a los fabricantes:
Declarar impactes ambientales clave (huella de carbono, toxicidad humana, emisiones interiores, etc.) como requisito para obtener el marcado CE.
Proporcionar información mucho más detallada y transparente sobre el comportamiento de los productos constructivos a lo largo de su ciclo de vida.
Esto implica que la transparencia total sobre composición, impacto y trazabilidad dejará de ser una ventaja competitiva para convertirse en una exigencia legal en toda la UE.
Para ARQUIMA, que integra madera industrializada y materiales naturales en su ADN técnico y productivo, este nuevo marco supone un campo de oportunidades claras. Los biomateriales, como la madera estructural o paneles con certificaciones ambientales, suelen presentar:
Menores emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) y sustancias tóxicas.
Huella de carbono significativamente inferior frente a materiales convencionales.
Mejor comportamiento higrotérmico y acústico.
Esto encaja perfectamente con los requisitos de salud y transparencia que el nuevo CPR pone en el centro de la evaluación de productos. Además, la normativa impulsa el diseño de productos con una vida útil prolongada, reparabilidad, reutilización y reciclabilidad. Los sistemas constructivos con madera prefabricada, modulares y diseñados para desmontaje se alinean de forma natural con estas exigencias, reduciendo residuos y facilitando un ciclo de vida circular.
Sumado a todo esto, la introducción de Pasaportes Digitales de Producto (DPP) exige información detallada sobre cada componente, desde su extracción hasta su comportamiento en obra. ARQUIMA, con procesos industrializados y control digital del ciclo constructivo, puede aprovechar este requisito para diferenciarse por trazabilidad y calidad de datos técnicos, generando confianza entre prescriptores y clientes.
Este nuevo CPR no es un simple cambio legislativo: es un cambio de paradigma que pone sobre la mesa dos prioridades que ya estaban en el centro de los valores de ARQUIMA:
Calidad ambiental y salubridad de los materiales, desde la concepción del producto hasta su uso en edificios.
Transparencia y datos robustos que permiten tomar decisiones más responsables y eficientes durante todo el ciclo de vida del edificio.
El nuevo reglamento abre caminos para competir con ventaja técnica en mercados donde la exigencia de salud, transparencia y circularidad será un factor de elección cada vez más determinante. Viene a validar y fortalecer la apuesta por la madera y los biomateriales como soluciones constructivas avanzadas.
Al anticiparse a estas exigencias, ARQUIMA se consolida no solo como fabricante de sistemas constructivos de madera, sino como referente en innovación sostenible, digitalización y salud ambiental.