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El impacto del sector

Actualmente, el sector de la edificación le corresponde un preocupante 40% de las emisiones de CO2 en la atmósfera. Si sumamos las fases de construcción, uso y demolición, el porcentaje sube a más del 50% mundial.  De estas emisiones más del 60% es imputable a la fase de consumo, es decir, al gasto energético derivado de climatizar el interior de la vivienda.

De ahí que sea de enorme importancia que todos nuestros edificios sean eficientes y con un consumo de energía nulo o casi nulo. Es el único modo de cumplir con los objetivos de descarbonización, paliar el cambio climático y mejorar la salud de nuestro Planeta. 

La importancia de construir casa pasivas

Una casa pasiva es un tipo de construcción diseñada para ser extremadamente eficiente en términos de energía. Su objetivo es mantener una temperatura interior confortable durante todo el año, con un mínimo de consumo energético para calefacción y refrigeración. En otras palabras, una casa pasiva es aquella que debido y gracias a su diseño  es capaz de mantener sola unas condiciones interiores elevadas de confort. Y es que todas estas condiciones ambientales tienen más importancia de la que creemos a nivel de salud, tanto la nuestra como la de nuestro planeta.

Con una casa pasiva atacamos directamente a la fase de consumo, reduciendo el gasto energético, la huella ambiental de la fase de vida útil del edificio (no las fases de material, fabricación y disposición) y la facturas a final de mes.  Además, tendremos un interior con una temperatura y humedad constantes a lo largo del año, logrando una vivienda térmicamente confortable.

Esto se consigue mediante el diseño bioclimático, es decir,  creando una arquitectura que demande poco de los sistemas de acondicionamiento activos o mecánicos. Para ello, antes de de empezar el diseño, se realiza una evaluación del solar basada en el análisis de las condiciones climáticas locales y del entorno. Orientación, captación solar, viento, temperatura, humedad. La estrategia es trabajar con las bondades de la naturaleza, utilizar los recursos naturales a nuestro favor.

¿Y una Passivhaus?

Para encontrar el origen del certificado hay que remontarse casi tres décadas en el pasado. En 1988 los profesores Bo Adamson, de la Lund University de Suecia, y Wolfgang Feist, del Instituto de Edificación y Medio Ambiente de Alemania, idearon este tipo de estándar energético y acuñaron el término passivhaus (“casa pasiva” en alemán). Hoy, esta palabra sirve además para dar nombre al sistema de estandarización –emitido por el Passivhaus Institut alemán– bajo el que todas las construcciones pasivas del mundo tienen que cumplir una serie de requisitos para ser clasificadas como tal. Hoy en día es el estándar energético más exigente del mundo

Se trata de un concepto de construcción extendido a nivel internacional que ha sido aplicado en más de 28.000 edificios. Según la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) en 2023 había 230 proyectos en España.

La base de un edificio passivhaus es la misma que para un edificio bioclimático, un buen diseño pasivo de la envolvente teniendo en cuenta factores como orientación, compacidad del edificio, protección solar, etc.

Para optar a la certificación, se utilizaran mayores espesores de aislamiento térmico que los indicados por la normativa, se  eliminan los puntos débiles de la envolvente (puentes térmicos), se controla mediante ensayo la hermeticidad de la envolvente (test blower-door), se trabaja en la eliminación de filtraciones de aire no deseadas, se implementarán carpinterías de altas prestaciones con vidrios triples y finalmente se opta por un sistema de ventilación mecánica con recuperación del calor que permite ventilar de manera continua el interior sin perder energía.

Eficiencia energética NO es sostenibilidad

Eficiencia energética y sostenibilidad son términos que hablan de características diferentes, siendo el segundo más global y difícil de conseguir.

La eficiencia energética de un edificio se estimará calculando la cantidad de energía consumida anualmente para satisfacer las demandas térmicas (calefacción, refrigeración y Agua Caliente Sanitaria) ligadas a un uso normal, y se expresará con un indicador de eficiencia energética y un indicador numérico del consumo de energía primaria (electricidad, gasoil, carbón, etc.) . En cambio, el término sostenibilidad es más completo ya que no solo pide que un proyecto sea eficiente a nivel energético si no que además cumpla con unos objetivos de nivel ambiental y social

Una casa verdaderamente sostenible tiene una gran eficiencia, tiene que ser respetuosa con el medioambiente en todas las fases de su ciclo de vida (extracción de materiales, transporte de mismos, fabricación o construcción, vida útil y desmontaje) y además proporcionar un ambiente interior beneficioso para la salud de las personas. No vale cualquier material para lograr tener un proyecto sostenible y en estos casos se han visto muchas campañas muy agresivas de green-washing.

Podemos construir casas muy eficientes de hormigón o acero, usar materiales muy aislantes como el XPS o el EPS y carpinterías de PVC, pero estaremos muy, muy lejos de tener una vivienda sostenible. 

Hay otro mundo más allá de la eficiencia energética

Las capacidades técnicas de los materiales contemporáneos junto con la modernización de los sistemas activos de climatización, permiten que sea más fácil cumplir con los estándares actuales más estrictos en materia de eficiencia energética. Realmente en este punto es indiferente el origen o las características del material mientras éstos cumplan con los cálculos térmicos.

Ahora bien, si queremos tener resultados más amplios, es nuestro deber como profesionales de la construcción del futuro minimizar el enorme gasto energético que produce la edificación mediante soluciones sostenibles menos agresivas con el medioambiente que las asumidas actualmente.

Actualmente acabamos los recursos que el planeta nos ofrece anualmente en el sexto mes del año. Se calcula que en el año 2050 el consumo mundial de nuestro planeta será el equivalente al de tres. En el mundo de la construcción, el concepto de economía circular (cradle to cradle) mejora la forma en la que construimos reduciendo el impacto del sector y manteniendo un círculo constante de recuperación de recursos.  Eliminando la extracción continua y descontrolada de nuevas materias primas, se puede lograr un sistema cerrado y sostenible.

Arquitectura sana

La clave está en construir edificios sanos con materiales naturales (madera, corcho, algodón, etc.) que se comporten como un ser vivo. Que sepan transpirar sin emitir gases tóxicos, ni radiaciones artificiales ni consumir energía innecesaria.  Su mantenimiento debe ser fácil y barato, su construcción duradera. El objetivo es tener la menor repercusión posible sobre el Planeta.

Un edificio saludable está construido con materiales naturales sin transformar, presentes en la naturaleza y que forman parte de nuestra tradición (utilizados desde siglos en la construcción de edificios).  

Mediante el uso de materiales saludables, con cualidades biológicas duraderas con inocuidad ambiental, ayudamos a limpiar el ambiente de substancias nocivas y no naturales. Adaptando un modelo de economía circular (producir, consumir, desechar, reciclar), éstos promueven la regeneración del medio-ambiente y el cuidado de la salud de las personas.

Entonces sí estaremos hablando de verdadera arquitectura sostenible

Contribuir a la buena arquitectura

Para aunar tecnología, diseño y sostenibilidad, la clave está en aposar en I+D y en la investigación científica. Es preciso establecer estrategias de eco-diseño en las etapas de producción de los materiales que favorezcan su reutilización y reciclado. El objetivo tiene que ser recuperar y conservar tradiciones y a la vez adaptar y modernizar los productos de origen natural.

Un ejemplo es la labor de ARQUIMA con la madera, recogiendo un sistema ideado más de un siglo y llevándolo a un nivel superior de industrialización para disminuir excedentes, reduciendo las toneladas de residuos derivadas del proceso de construcción.